viernes, 12 de marzo de 2021

¿Qué ha sido del humor político?


Leemos en un ejemplar de la revista argentina Noticias de 2016, algo que nos pareció interesante
“Las burlas a los funcionarios pueden servir para reforzar un sistema social o para desestabilizarlo, asegura el especialista Tomás Várnagy.
En el caso de los chistes políticos, los teóricos de la superioridad apuntan a reírse de los presuntos patanes incultos que gobiernan; los teóricos de la descarga consideran que el humor provee de una salida para el miedo, el enojo y la frustración; y, finalmente, están quienes consideran a la incongruencia como el factor principal del humor ya que juega con la lógica desconcertante de la brecha entre lo que se dice y la realidad, entre la teoría y la práctica, o entre la vida doméstica y la pública. Cualesquiera sea el caso, el humor político puede servir para reforzar un sistema social o para desestabilizarlo; los chistes pueden ser una válvula de seguridad o convertirse –en palabras de George Orwell– en “diminutas revoluciones” subversoras del orden establecido.”
Hay una larga tradición del humor escrito y gráfico en los medios de nuestro país desde los años de 1860 en adelante.
Inclusive grandes poetas aportaron versos satíricos sobre los actores políticos de la época.
Entrado el siglo XX tuvimos por los años 50, 60 y 70 grandes creativos que publicaban en revistas de mucha difusión.
De un artículo de César di Candia extraemos:
“En l932, el dibujante Mario Radaelli sacó prácticamente a pulmón un semanario tabloide de doce páginas llamado El Gato en el que aprovechaba los desconciertos de un país que iba derecho a la dictadura de Gabriel Terra, pero ni su unión comercial con radio Carve lo salvó de la bancarrota. Al estallar la guerra en l939, el éxito de una audición radial antifascista denominada La línea Maginot determinó la aventura de un semanario con el mismo nombre que salió al año siguiente en dos formatos diferentes y bajo la dirección de Juan Carlos Petrus, César M. Rappalini, Juan E. Candau (los tres redactores del diario "El Plata") y Juan José Díaz. Más duró la guerra que su aparición continua. Lo siguió Peloduro en l943, una revista dirigida por Julio E. Suárez y escrita por un selecto plantel que integraban entre otros Serafín J. García, Wilfredo Jiménez, Alberto Etchepare, Arthur N. García (Wimpi ), Alfredo Mario Ferreiro, Julio César Puppo y Dionisio A. Vera.
Cerrada y vuelta a aparecer en varias oportunidades, volvió a salir en 1963 con otro elenco, otro formato y otra filosofía humorística aunque esta vez su vida fue corta. Participaron en esta segunda parte (pero no fueron los únicos), Mauricio Rosencoff, Elina Berro, Jorge Sclavo, Carlos Núñez, Daniel Waksman, Alberto Etchepare, Julio Rosiello, Julio César Puppo ( El Hachero ) y Mario Benedetti. El vacío provocado por uno de los cierres de Peloduro fue llenado en l954 por El Tero Imprudente, un semanario en formato grande dirigido por Alberto Etchepare con la colaboración de algunos integrantes del staff de su antecesora. Duró con intermitencias hasta l956.
A fines de ese mismo año salió La Gaceta Sideral bajo la égida de Francisco Amaral y Luis Blanco (Blankito ) un semanario donde escribía Carlos María Gutiérrez y dibujaban Hermenegildo Sábat, José Rivera y José Mariño. Luego de su desaparición, se editó Lunes en l957, dirigida por el dibujante Raúl Martínez y el autor de esta nota. En esta revista irrumpió un núcleo de gente nueva, fundamentalmente los directores mencionados, los hermanos Jorge y Daniel Scheck, Carlos María Gutiérrez, Aquiles Fabregat, Daniel Wacksman, Carlos Núñez, Gustavo Adolfo Ruegger y Justino Rivero y los dibujantes Hermenegildo Sábat, José Lupinacci, Alberto Monteagudo, Omar Abella, José Mariño y en su última etapa, Luis Blanco. Lunes, continuadora de una página del mismo nombre que aparecía el primer día de cada semana en el diario El País, comenzó planteando un estilo de humor más picaresco, aunque eso no le impidió politizarse igual que sus antecesoras y continuadoras. En el año 68, a impulsos de la creciente radicalización social y política salió Misia Dura, primero como semanario, luego como suplemento del diario El Popular. La dirigió Jorge Sclavo y participaron del intento nombres de gran notoriedad posterior como Julio César Castro, Mario Levrero, Julio Rosiello, Francisco Graells y Juan Capagorry. El quiebre institucional iniciado en l973 no arredró a los cultivadores de humorismo gráfico y escrito. Ese mismo año salieron los siete únicos números de la revista La Bocha dirigida por Luis Blanco ( Blankito ) y Francisco Graells ( Pancho ) y dos años después los cuatro del semanario La Pipeta, responsabilidad de J.C. Rodríguez Castro.
En ambas se notó la presencia de algún veterano del humorismo como Roberto Barry y figuras nuevas como Horacio Buscaglia, Alfredo de la Peña, Cheché González, y los dibujantes Gaucher, Bocha González, Néstor Silva, De Rosa y Tabaré Gómez. Dadas las circunstancias, ambos órganos practicaron un humor políticamente aséptico pero eso tampoco impidió su cierre por razones económicas. Otras intenciones, disimuladas pero con claves claramente entendibles, tuvo la revista "El Dedo" dirigida por Antonio Dabezies y cuyo logotipo identificatorio fue dibujado por Fermín Hontou, que en l982 intentó abrir una brecha en la dictadura. Caminando por el borde de la cornisa, tuvo una respuesta tan formidable que su sexto número había trepado hasta los 44.000 ejemplares, un tiraje muy difícil de superar al cual no había llegado ninguna otra revista nacional. Probablemente esa penetración haya pesado tanto como sus posicionamientos críticos para la resolución que ordenó su clausura. Vale la pena hablar un poco de ésta, para situar a los lectores que no vivieron esa época en el aire malsano que se respiraba en 1976. Cuando se aprestaba a salir el ejemplar número 8 con un tiraje solicitado de 52.000 ejemplares, prácticamente una revolución periodística, el Poder Ejecutivo con la firma del Presidente de facto general Gregorio Alvarez y el Ministro del Interior general Yamandú Trinidad, envió un comunicado al Ministerio de Cultura para que su oficina jurídica informara si la revista incurría en el delito de pornografía. Los motivos que se argumentaban estaban señalados con unos redondeles rojos en la revista que acompañaba la solicitud: señalaban un dibujo de un preservativo en la playa, una foto de unas zanahorias cuyos brotes parecían taparse los sexos y las palabras ovario y trompas de Falopio.
También se mencionó el enojo del intendente Rachetti por un aviso en broma de una página promocionando la película uruguaya El asqueroso mundo submarino, que satirizaba le suciedad de nuestras playas y de cuyo facsímil ADEOM realizó cientos de fotocopias que inundaron la intendencia. Los abogados del Ministerio de Cultura informaron que la revista El Dedo no incurría en delito de pornografia, pero las autoridades que por algo lo eran, opinaron lo contrario y la clausuraron. Un año después, ya en los finales de la dictadura, apareció Guambia bajo la dirección inicial de Nelson Caula y con el mismo staff de El Dedo pero sin que al principio se dieran a conocer sus nombres para evitar rozamientos con el régimen. Más de quince años después esta revista dejó de salir como tal y últimamente ha reaparecido como suplemento del diario Ultimas Noticias. Por ella han pasado las figuras más destacadas del humorismo nacional contemporáneo.
Eso en lo referente al humorismo en revistas y periódicos. ¿Pero quiénes vinieron detrás de Francisco Acuña de Figueroa en la literatura nacional? Pocos son los escritores que no lo han practicado y menos aún los que se han atrevido a hacerlo a cara descubierta. Como si el humorismo fuera una forma degradada de la literatura, nunca ha sido abordado frontalmente aunque sí se ha hecho en forma de crónica periódica y bajo seudónimos. Salvo el poeta Alfredo Mario Ferreiro ("El hombre que se comió un autobús" , l927) o Javier de Viana en sus libros de cuentos a partir de "Macachines" , l9l0 o José Monegal ("Doce cuentos" , l963) otros autores, cultores casi todos de la narrativa criolla, han preferido utilizar el humorismo pero sólo dejándolo caer en pequeñas salpicaduras como para hacer más sabroso al relato y sin comprometer demasiado sus apellidos. En esa situación se encuentran Yamandú Rodríguez, Juan José Morosoli, Francisco Espínola, Felisberto Hernandez, Julio C. Da Rosa o Luis Castelli, seudónimo que ocultaba al profesor Domingo Bordoli. Otros escritores han optado por volcar su humorismo en las crónicas cotidianas o las notas costumbristas de diarios y periódicos y siempre amparados por un seudónimo. Los más notorios: Mario Benedetti (Damocles ) Juan Carlos Onetti ( Periquito el aguador ), Serafín J. García ( Simplicio Bobadilla ) Arthur N. García (Wimpi ), Carlos Denis Molina ( Martín Pescador ), Julio César Puppo ( El Hachero ), Carlos Maggi ( Roque Luis Borges, Marco Polo ), Isidro Más de Ayala ( Fidel González ), Horacio Arturo Ferrer ( Fray Milonga ), Omar Prego ( Bembolio ) y Manuel Flores Mora ( Salvaje ). Queda abierto el paraguas porque la memoria del autor de esta nota es débil y los riesgos de olvido existen”.
Un breve repaso a grandes títulos y creadores que marcaron época.
Luego el carnaval se sumó a esa cruzada de la crítica y sátira política.
Existe hoy el humor político en los medios? La respuesta segura es no.
Necesario e imprescindible tanto como aplaudir es también criticar, pues deja abierta la puerta a la reflexión y la moraleja, más allá de la risa que la caricatura provoca.
Selección: Carlos Fariello

No hay comentarios:

Publicar un comentario