por Carlos Fariello
Próximo a las diez de la noche del 18 de setiembre
de 1968, el complejo de edificios de la Universidad Nacional Autónoma de
México, conocido como la “Ciudad Universitaria”, es ocupado por miles de
soldados del ejército mexicano. Camiones y tanques también forman parte de la
invasión.
Es un momento de gran confusión donde
rápidamente los estudiantes que no pueden escapar de los diferentes edificios
de la universidad, son detenidos y concentrados y puestos boca abajo con las
manos en la espalda, en los patios interiores y en algunas de las aulas. Se
habla de 1.500 detenidos
Entre un clima de alarma y miedo, los pocos que
van quedando se las ingenian para escapar.
Una mujer de edad madura es la última habitante
en aquel caos en la torre de la Facultad de Humanidades.
Es la misma mujer, que, según cuentan, recitaba
poemas de León Felipe, el poeta español que había muerto ese mismo día en la
capital mexicana, a través de los altavoces de la radio comunitaria de la
universidad mientras se producía la ocupación.
Cuando nadie quedaba ya allí, la mujer
encuentra como recurso seguro esconderse en los baños, del séptimo piso, ante
la eventual entrada de los militares al edificio.
De pronto escucha voces y pasos. Vienen por
ella, piensa.
Se para sobre la tapa del inodoro para que no
puedan ver sus pies por debajo de la puerta. Silencio. Nadie entra.
Las primeras horas transcurren con una duración
casi de rayo, las siguientes se harán más densas, eternas.
Pasarán los días y pasarán las noches. Serán
doce.
La mujer, que es una conocida transeúnte de ese
medio universitario, poeta y activista, queda en soledad en la torre vacía e inexpugnable.
También cuentan que sólo bebió agua, degustó la
insípida celulosa del papel higiénico, y comentan que hasta leyó.
El día 30 fue encontrada tirada en el suelo, sus fuerzas estaban a
punto de abandonarla por completo.[i]
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El año de 1968 fue un año especial, no sólo por
lo acontecido en el llamado mayo parisino, sino que además en muchos países se
dieron movimientos de protesta sociales y políticas que llamaban al abordaje de
un nuevo tiempo de libertades a conquistar y de nuevos modos de relacionamiento
a consumar frente al capitalismo y los autoritarismos en boga.
El movimiento de 1968 en México fue un movimiento
social en el que además de estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de
México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN), y otra serie de
instituciones universitarias, participaron profesores, intelectuales, amas de
casa, obreros, campesinos, comerciantes y profesionales en la Ciudad de México
y en numerosos estados, constituidos en el órgano directriz del movimiento
denominado Consejo Nacional de Huelga (CNH). Dicho órgano elevó un conjunto de
peticiones al Gobierno de México con demandas específicas como la libertad de
presos políticos y la reducción o eliminación del autoritarismo. De fondo, el
movimiento buscaba un cambio democrático en el país tras décadas del mismo
partido gobernante, mayores libertades políticas y civiles, menor desigualdad y
la salida del gobierno del Partido Revolucionario Institucional (PRI), al que
consideraba autoritario.
Desde sus inicios, el estado mexicano
caracterizó al movimiento como un intento por derrocar al gobierno, instaurar
un pretendido régimen marxista como parte de un falso Plan Subversivo de
Proyección Internacional, argumentando que sus participantes eran terroristas,
delincuentes y un peligro para la seguridad nacional.
El 2 de octubre de ese año perpetró un crimen
de estado, la masacre de Tlatelolco en la Plaza de las Tres Culturas de
Tlatelolco, donde asesinó a cerca de cuatrocientas personas.
Antes de esa fecha, en setiembre, militares del
ejército mexicano habían tomado por la fuerza e invadido la Ciudad
Universitaria de la UNAM.
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Apuntes
breves para la bio
Alcira Soust Scaffo había nacido en 1924 en
Durazno, Uruguay, allí se había formado como maestra y trabajado en el medio
rural, en una escuela de Chileno Grande, en una zona próxima al Río Negro.
En 1952 accede a una beca de la UNESCO para
estudiar en México, y en el país azteca se quedará a vivir hasta el año 1988
cuando retorna a su país.
Su larga estadía mexicana la insume la vida,
una vida llena de arte y de experiencias únicas, como ser traductora al español
de la poesía de Paul Eluard, de cultivar la amistad con León Felipe, en ese
entonces exiliado en México, conocer y estudiar con el muralista Rufino Tamayo,
entre otros.
Fue su actividad poética y creativa la que le
define como también su activismo por la belleza y por la paz, pero sin ribetes
políticos de partido alguno.
Tiene protagonismo en las décadas de 1960, 1970
y 1980, pero 1968 le dejará una impronta existencial cuando se llevan a cabo
las protestas de estudiantes e intelectuales en México.
No fue una universitaria orgánica pero sí una
figura mítica en esos ambientes, mujer delgada regalando sus poemas escritos a
máquina o de puño y letra, ilustrados con una simbología propia, original y al
mismo tiempo extraña.
Realiza traducciones y cambia sus poemas por un
café.
En 1970 conoció al escritor Roberto Bolaño y
éste la tomó como inspiración para el personaje Auxilio Lacouture, en uno de
los capítulos de su novela Los detectives
salvajes.
Bolaño se reitera con el personaje de la poeta
en Amuleto, donde se dedica a retratarla
en su delirio de doce días encerrada en los baños de la facultad.
La
acción vital como poesía
Difícil de precisar el norte de su poesía, sí
es correcto situarla en una corriente que reuniría a aquellos poetas que
persiguen un ideal, muchas veces irreal, para los ojos de los lectores
vulgares, y que se arrojan hacia el pasado sin ambición de futuro.
Soust se inscribe en una línea que incluye
volver y re-volver a entramar el sentido del lenguaje en nuevas estructuras, un
tanto subversivas de lo idiomático, y suma a ello lo gráfico y lo simbólico,
convocando nuevas sensaciones y al mismo tiempo nuevas lecturas de su mensaje.
Así, la obra de Alcira Soust Scaffo encaja en
el ámbito de lo visual y de la poesía experimental con fuerte tendencia a tener
siempre un lenguaje expresivo gráfico.
En 1990, obras de Soust integraron el envío
uruguayo a la III Bienal Internacional de Poesía Visual y Experimental y
Alternativa, realizada en México.[ii]
Su activismo social, en especial por la paz, la
involucraba también desde el plano ideológico, y le permite construir una
amplia red de relaciones personales con personajes muy importantes, tanto del
ámbito académico como en el intelectual.
Traduce del francés al español poesía del Paul
Eluard, y llega a escribir algunos textos propios en francés también, pero lo
suyo es una simbiosis entre lo vívido del momento, el texto que traduce su
cosmos interno y un andamiaje de símbolos a modo de ilustración que luego
tendrán mejor protagonismo en una serie de carteles que irá elaborando acorde a
los acontecimientos socio-políticos y del propio movimiento estudiantil que la
contuvo y le celebró como un símbolo de inspiración militante.
Siempre su activismo fue genuino, y muchas
veces con aristas un tanto herméticas, pero su poesía siempre estuvo alejada
del panfleto político.
De Eluard tomará esa actitud de valoración de
la vida ante el terror y la violencia.
Su imaginario se proyectó en los últimos
tiempos en lo visual mostrando influencias de Joan Miró y de Rufino Tamayo, y
en sus diseños hay un especial cuidado por lo relacionado con la Naturaleza.
Alcira Soust todavía hoy permanece en una zona
de desconocimiento pues no hay posibilidad de conocer la real dimensión de su
obra y completar un análisis que nos permita traducir su mensaje pleno de luces
y de la espiritualidad de alguien que eligió la poesía como un desesperado
compromiso vital.
Nómade
en su país
Cuando el 30 de junio de 1988 parte del
Aeropuerto de México, ella en su fragilidad mental no entendería ya sobre su no
retorno.
Hay al respecto información sobre el estado de
piscosis que la afecta.[iii]
Entre 1989 y el año 1991 vive un tiempo en casa
de amigos, y de desplaza entre Montevideo, Durazno y Trinidad. En su incursión
en la capital publica varias hojas de poemas y participa en algunas
publicaciones, adhiere a diversas manifestaciones en lo social y se sabe un
tiempo en la calle, hay testimonios que pasó un tiempo en el callejón de la
Universidad.
Envejece y se mal alimenta, su existencia roza
la indigencia.
Pronto su familia pierde su rastro, también
algunos dan versiones de que vive en diferentes pensiones de la capital.
Un año antes de morir, muere su madre en
Durazno, sin que ella se entere.
El misterio cargado en su insania mental
alimenta varios mitos.
Es de algún modo la abanderada de los poetas
que el tiempo no colabora con hacer que los comprendamos, y detrás de su
existencia singular hay todavía vastos territorios aún inexplorados.
Final
Alcira Élida Soust Scaffo muere el día 30 de
junio de 1997, a la edad de 73 años, en un hospital de Montevideo a causa de
una bronconeumonía bilateral.
Su cuerpo es enterrado en una fosa común.
[i]
«Tras la ocupación de la Ciudad Universitaria, se procedió a recuperar los
edificios. A la Torre de Humanidades fue el entonces coordinador de
Humanidades, Rubén Bonifaz Nuño, a quien acompañamos, con la intención de
revisar el séptimo piso, sede del Instituto de Investigaciones Históricas,
Miguel León-Portilla, quien era su director, y yo, como subdirector.
Iba con nosotros uno de los
intendentes de la Facultad de Filosofía y Letras, de quien no recuerdo el
apellido, pero a quien todos conocíamos como Pastor, pese a que en realidad se
llamaba Manuel. Era Pastor ……
Cuando los cuatro llegamos
al séptimo piso, Bonifaz Nuño pidió a Pastor que revisara los sanitarios, en
tanto que nosotros veíamos qué daños tenía, el resto del instituto. Pastor
salió inmediatamente para avisarnos que había encontrado una mujer. Bonifaz le
pidió que no tocara el cadáver. ‘Está viva’, respondió Pastor, por lo que
acudimos a auxiliarla.
Alcira salió caminando por
su propio pie, aunque muy debilitada. Estaba aterrada, y nos decía
insistentemente que ella no estaba inmiscuida en el movimiento, sino que había
ido a la torre a una ceremonia en honor a León Felipe. Me le acerqué y le dije:
‘Alcira, no somos policías. Mírame, soy yo, Alfredo’; pero Alcira seguía fuera
de sí.
Pastor intervino para decir
que iba inmediatamente por unos tacos, a lo que replicó Bonifaz Nuño: ‘¡No!
¡Vaya inmediatamente por unos médicos!’ Alcira se fue calmando poco a poco.
Cuando Pastor volvió con la ayuda de los médicos, les entregamos a Alcira y
confiamos en que todo iría bien». (testimonio del historiador Alfredo López
Austin en https://wsimag.com/es/cultura/45812-la-resistencia-de-alcira-en-el-68
[ii]
En el envío a la III Bienal Internacional de Poesía Visual y Experimental,
México, 1990, también participaron otros autores de Durazno, lugar de origen de
Soust, como Jorge Echenique Febrero, Alberto Carrasco y Carlos Fariello.
[iii]
“Se ha llegado al diagnóstico de psicosis delirante crónica de características
paranoides; cuando recibe tratamiento mejora y se controla la sintomatología,
sin embargo su situación social y laboral en este país es … (y necesita de un )
ambiente de estabilidad (para) la paciente”
dice el texto firmado por un médico tratante en México antes de su
partida.


Es una historia tan triste como única, gracias, Margarita
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