domingo, 28 de febrero de 2021

Pensadores e intelectuales: hay vacantes

En el ámbito de la cultura nacional se pueden tomar varios periodos de la historia del pasado siglo para considerar los movimientos o ciclos de protagonismo de un cierto grupo de intelectuales. 

El aporte, ya lejano de la llamada generación de 1945, paradigmático a mi entender desde lo estético, no deja de ser considerado como un hito interesante desde lo creativo y lo estético y de la producción de ideas. Pero, las décadas posteriores, los años 60 y la ruptura democrática, no mostrarán más que ejemplos aislados de producción intelectual, y movimiento en el ámbito del exilio. 

El siglo presente demuestra que no hay una corriente ni una generación definida, aunque sea heterogénea, de pensamiento que sea distinguida y que proyecte energía en la búsqueda de más y mejor identidad. La dictadura y el posterior proceso de reconstrucción y reacomodo permitió la aparición de mucho “pensamiento” pero con definiciones muy específicas en cada área de la cultura. 

La ciencia política tuvo su iniciador en Carlos Real de Azúa y no ha habido un pensamiento en lo filosófico que nos pueda representar. 

Escritores, músicos, intérpretes y demás actores de la cultura demuestran que el movimiento se demuestra andando (como se puede además de las contrariedades) pero el pensamiento se diversifica en tanto no hay una corriente aglutinante de un proceso de creación, producción y difusión de las ideas. 

También la producción científica aporta en esta necesaria definición. En los tiempos actuales la ciencia, que ha sido “valorizada de manera oportunista “(la pandemia obliga) muestra que hay una cantera de investigadores con compromiso en sus áreas de trabajo. 

En tiempos de varios constreñimientos se me da por pensar en estos temas y en la dirección de un resurgimiento de la identidad intelectual que nos caracterice. Una sociedad sin intelectuales de fuste es una sociedad que marcha hacia un estadio de adocenamiento progresivo, donde inciden otros valores, internos y externos, del marco económico e ideológico global. 

Será, que en tiempos de distancias infinitesimales y digitalización, habrá que pensar en otro estereotipo de intelectual? Las vacantes están y es necesario dar los procesos para llenarlas.

Carlos Fariello

(26/07/2020)

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