Crónica de una jornada trágica

 Investigación histórica y documental: Carlos Fariello



La última contienda mundial supo también llegar hasta estas latitudes. Recuérdese el incidente entre naves inglesas y el acorazado alemán Graf Spee en diciembre de 1939, conocido como la Batalla del Río de la Plata.

A la declaración de neutralidad de Uruguay efectuada meses antes se agregaron, en lo interno, diversos hechos que mostraron una clara división de las aguas en lo ideológico que se proyectó inmediatamente al terreno popular.

Una muestra de ello son los hechos que desembocaron en los incidentes del 29 de junio de 1941 en Durazno, y que tuvieron repercusión a nivel nacional.

Pero, sobre por qué y cómo se generaron los mismos da cuenta este informe especial que ACONTECER publica en ocasión de cumplirse hoy 55 años de ocurridos los mismos.

 

En su edición del miércoles 2 de julio de 1941 el periódico local “La Publicidad”, de Manuel I. Viñales, titulaba en su página dos, “La dolorosa tragedia del domingo”, en alusión a los hechos que se habían generado el día 29 de junio en ocasión de la visita a Durazno de varias connotadas que adherían al fascismo, con motivo de un acto de colaboración con la Cruz Roja Italiana.

Los hechos derivaron en una refriega que tuvo un saldo de un muerto y varios heridos.

El mundo asistía expectante al drama generado por la Segunda Guerra Mundial que se había iniciado en 1939 con la invasión de las tropas de Hitler a Polonia.

En 1941, casi dos años después, Italia con la colaboración nazi había invadido Grecia, y el 22 de junio las tropas alemanas atacaban las fronteras de la Unión Soviética.

En nuestro país los adherentes al totalitarismo expresado por la ideología que animaba las acciones de las tropas del Eje Roma-Berlín eran, en número, importantes. Incluso se destacaba la prédica que hacía un legislador colorado, el diputado Alejandro Kayel, director a su vez del periódico “Libertad”.

Según la pensadora italiana, exiliada en Uruguay desde 1929, Luce Fabbri, “los fascistas italianos tenían aquí mucho peso. Por ejemplo, después de Terra. El Ministro de la Legación italiana, Ghigliani, fue inspirador de la dictadura de aquel y es entonces que a partir de ese momento el gobierno italiano comienza a trabajar entre los inmigrados. Sobre todo, en las sociedades, en las mutualistas y en la Escuela Italiana”.

La adhesión a la figura de Benito Mussolini estaba encarnada por los integrantes de la gran mayoría de ligas italianas, sociedades de socorro mutuo y asociaciones culturales y regionales, con la excepción del Circolo Napolitano y otros grupos como Italia Libre.

Estos dos centros contaron con la adhesión de socialistas, comunistas y libertarios.

A su vez, en nuestro medio, donde la presencia italiana era porcentualmente importante, unos cuantos comulgaban con esa idea de la nueva Italia impulsada en diversos aspectos por la visión política del “Duce”.

Otros inmigrantes, y sus descendientes, se encontraban en el bando opuesto y con claras definiciones en pro de la libertad y de la paz.

 

La neutralidad y los planteos de Herrera

 

A la declaración de neutralidad de Uruguay frente a la contienda se agregaron algunos planteos en el plano político interno que fueron configurando las posiciones, que, en definitiva, iban a tomar luego líderes de ambos partidos tradicionales, y de los llamados partidos de ideas.

En el diario “El Debate” del 13 de julio de 1934, se puede leer, de la autoría de Luis Alberto de Herrera, lo siguiente: “Tiene Hitler en su favor que encarna la disciplina, único remedio indicado para salvar a la Humanidad del caos”.

En el futuro el Partido Nacional herrerista se hizo partícipe del neutralismo que para muchos ocultaba planteos filofascistas.

Sabida y conocida es la postura del caudillo blanco con respecto a la injerencia de los norteamericanos en el área de América Latina que lo situaba ni tan cerca del Norte, ni tan lejos del Eje, al decir de algunos historiadores.

Todo esto iba clarificando las posturas al interior de los partidos. Los colorados se manifestaban identificados con los aliados contando con la adhesión de socialistas y comunistas, estos últimos planteando algunas discrepancias.

 

Las listas negras y el periódico “Libertad”

 

En 1941 comenzaron a circular las listas negras en algunos diarios montevideanos. Recuérdese que, en 1940, a instancias del diputado socialista José Pedro Cardoso, se había formado en el Parlamento una Comisión Investigadora de Actividades Nazis.

Las listas incluían nombres de personas o firmas comerciales sospechosas de mantener vinculaciones con las potencias del Eje, confeccionadas por el gobierno norteamericano.

Éstas también circularon en nuestro medio. No se descarta que hubiese habido algunas listas generadas por las comisiones locales antifascistas dando a conocer los nombres de quienes adherían a esta ideología.

En este año se vivió, además, a nivel nacional, un clima de movilización popular, que, tomando dimensiones importantes, contra las ideas antidemocráticas.

En ese marco se inscribieron las campañas contra Herrera, declarándolo “enemigo público número uno” y la suspensión del diputado colorado Alejandro Kayel por su ataque a las instituciones a través de su periódico “Libertad”. Kayel cuestionado por el Parlamento, expresó: “Soy ardiente partidario de Alemania y deseo vivamente su victoria en esta guerra de liberación que está librando contra la plutocracia y el comunismo, unidos.”

El mencionado periódico se distribuía en Durazno a través de los inmigrantes nucleados en la Sociedad Italiana. La cuestión era entre “aliadófilos” y “nazi-fascistas”.




Los días previos al 29 de junio

Según las crónicas, y algunas investigaciones consultadas, los días previos al 29 de junio, en Durazno, no estuvieron exentos de actos de violencia y provocación contra los adherentes al totalitarismo.

A nivel de estudiantes, y de algunos vecinos e intelectuales del medio, se realizaban en forma periódica asambleas populares que exacerbaban los ánimos y llevaban a actitudes intolerantes, principalmente con los italianos y descendientes.

La sala del Teatro Español era el centro de reunión de esas asambleas.

Para el mismo domingo 29 estaba convocado una actividad de apoyo a la Cruz Roja Italiana que incluía un almuerzo de confraternidad en la casa de Carlos Morgantti, en la calle Lavalleja casi esquina Ituzaingó.

Según “La Publicidad” la sola presencia de los organizadores y personajes invitados de la capital, habían despertado la repulsa popular.

 

 

La violencia del domingo

 

Una vez conocida la llegada de los mencionados visitantes, los estudiantes convocaron un acto de repudio que tuvo lugar el domingo en el Teatro Español, a las 10 y 30 horas. Los diversos oradores después de fustigar al totalitarismo y a sus defensores, exhortaron a los presentes a disolverse a la salida del mismo, como forma de “hacerle el vacío a ese acto de propaganda nazi-fascista”.

Una vez disuelta la asamblea, el público con los estudiantes a la cabeza, marcharon por calle 18 de Julio hacia la Plaza Sarandí. Mientras, las fuerzas del orden desplegadas en la ocasión, no pudieron contener a los manifestantes los cuales decidieron tomar calle Artigas y doblar luego por Lavalleja para dirigirse hasta la casa de Morgantti.

En la esquina de Lavalleja e Ituzaingó, frente al Hotel Español de la familia Spínola, y a pocos metros de la casa de Morgantti, se produce un encontronazo de la manifestación con la policía la que es superada por la turba y se desencadena una pedrea sobre el frente de la casa donde se realizaría el acto.

A la entrada de dicha finca, en los portones de la misma, se encontraban apostados varios de los organizadores.

Pero, al volver la columna hacia atrás, hacia el citado hotel, se encuentran de frente con la caravana de autos que traía a los visitantes a lo de Morgantti.

El nuevo choque dio lugar a gritos contra el nazismo y se desencadenó otra pedrea. Es allí donde varios de los que venían los autos extraen armas de fuego y comienzan a disparar sobre la muchedumbre enardecida y descontrolada.

 

Balas, heridos y un muerto

La tragedia sobrevino próximo al mediodía cuando cayó el primer herido, el joven Walter Medina que se encontraba en la puerta del Hotel Español.

En la esquina, a unos veinte metros de Medina, una bala disparada desde la caravana hizo impacto en un árbol y luego alcanzó en la cabeza a Gregorio Morales, un anciano que acertó a pasar por el lugar. Morales fallecería más tarde en el hospital.

Según la crónica der “La Publicidad”, “los coches prosiguieron su marcha, deteniéndose frente a lo de Morgantti, descendiendo sus ocupantes y penetrando en la finca”.

El saldo final fue de siete heridos y un muerto. Así se pagaba, con este costo, por esta manifestación en defensa de las ideas democráticas.

Mientras los fascistas locales, junto a los visitantes, participaban de un almuerzo, en la ciudad se comenzaban a producir nuevos hechos de violencia contra los domicilios, comercios y propiedades de quienes habían adherido a ese acto.

La violencia se extendió por varios días y también alcanzó a pueblos del interior del departamento.

Todo lo que los manifestantes encontraban a su paso era destrozado, incluso entraban en los domicilios y tiraban hacia la calle muebles y pertenencias de los mismos, incluso un piano fue arrojado a la vía pública y rotas las vidrieras de varios comercios, entre otros desmanes.



Detención y juzgamiento de los responsables

Inmediatamente de ocurridos los disparos fueron detenidos algunos de los participantes en la caravana. Las actuaciones policiales luego permitieron conocer la identidad de los mismos y las correspondientes responsabilidades en los hechos de referencia.

Según declaraciones de los testigos la responsabilidad recayó sobre Carlos Morgantti, José Corcilio, Andrés Musiani y Antonio Bonfrisco.

Una crónica relataba que “informaciones que se han podido obtener de fuentes oficiosas, los antes citados han confesado ser los autores de los disparos de revólver contra la manifestación popular y causantes consiguientemente del saldo doloroso que ha arrojado el criminal del domingo a mediodía”.

También fueron detenidos: Santiago Anchieri, Anunciado Troisi, Jesús Olivera, Angel Lepre, Rodolfo Cocchi, Eugenio Blas Rossi, Hugo Levaggi, Hugo Lavagni, Dr. Cuoco, Antonio Lebano, Francisco Di Lamentio, Amelio Imacuzzo, Rolando Vignoly, Luis Vasallo, José Magliolo, Eusebio Perotti, Eugenio Caravadozzi, Antonio Tomeo Rosas, Juan Miramonte, Mario Longina, Mario Mezzera, Yolanda Perotti, Francisco Vizzini, Erasmo Scalezze e Ilodino Cruz.

Es de hacer notar que entre los detenidos hay algunos que no son de origen italiano sino español. La Guerra Civil en España había tenido unos cuantos partidarios locales de la Falange, el grupo de derecha al cual respondía el líder Francisco Franco.

Estos falangistas participaban de las actividades fascistas en la ciudad de Durazno.

El doctor Zubillaga por decisión expresa de la Suprema Corte de Justicia, fue el encargado de proseguir las actuaciones judiciales tomando las declaraciones a los detenidos. El magistrado dispuso finalmente el procesamiento de Morgantti, Corcilio, Musiani y Bonfrisco, e imputó delitos menores a Troisi, Anchieri, Olivera, Lepre, Cocchi, Rossi y Levaggi.

 

Las repercusiones del atentado

Mientras se realizaba el velatorio de los restos mortales de Morales en hall del Teatro Español, ante una masiva concurrencia que se sentía agraviada por este vil atentado, comenzaron a llegar las múltiples repercusiones que este hecho generó en la capital Montevideo, y también en diferentes lugares del interior del país.

Desde los partidos políticos Nacional, Colorado y Comunista hasta la Federación de Estudiantes Universitarios (FEUU) y otras organizaciones sociales y grupos de apoyo a los aliados, se levantaron voces condenatorias alertando al gobierno sobre los riesgos a los que se enfrentaba la sociedad uruguaya de prosperar actividades como esta. El Parlamento condenó enérgica y severamente a través de ambas Cámaras con declaraciones al respecto.



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