jueves, 27 de mayo de 2021

PROVISIONES


Se me vienen varios nombres a la cabeza mezclados con imágenes y recuerdos.

Y recuerdo la provisión de Sebastián Mondino, el almacén de los Scaffo, lo de Celso e Ivón González, el comercio de los Giordano, la provisión San Juan de González Buonomo, antes cuando yo era más chico lo de Graniello, luego Cataldi y Berrutti, entre otros. Agreguemos los almacenes de barrio, más humildes pero cálidos y entrañables en nuestra memoria.

Me detengo en la esquina de 18 de Julio y Zorrilla, en lo de Graniello como se le seguía llamando cuando ya había cambiado de dueños, guiado mi recuerdo infantil, todavía intacto, por los aromas del café recién molido, o por los grandes bollones de vidrio repletos de caramelos, colocados, para nuestra tentación, muy cerca de la puerta de entrada.
Cuando llegaba la época de la Navidad detenerme en los productos importados y sus coloridos envases provenientes del Viejo Mundo, chocolates, panes dulces y budines, aceitunas, nueces y otros frutos secos y los espumantes.
Llegar hasta esa esquina era primero, una aventura cuando ya andaba solo por las calles y luego la aventura consistía en recorrer con la vista las estanterías, claro que sin comprar nada hasta que Berrutti te decía: “Va a llevar algo, chico?”
Historias de un Durazno que se fue pero que sigue colgado en la memoria.

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