domingo, 28 de febrero de 2021

Contra la "acción disolvente"

La cultura es también un territorio de cambios. Lo ha sido siempre y dentro de ese campo a veces difícil de limitar y definir, las ideas circulan de manera fluida comportando corrientes y estilos que se contextualizan con las geografías y el tiempo. 

Una cultura universal comprende a todas las culturas de aquí y de allá. 

Cuando impera un orden impuesto por la fuerza las ideas cobran fuerza, tanto en el sentido de abrazarlo como también en el otro, el de combatirlo. 

Las ideas críticas en ese marco se vuelven no deseadas, inapropiadas para el colectivo que quiere ser sojuzgado y entonces, la cultura se convierte en un campo de batalla. 

Y las ideas críticas, de combate, en “ideas disolventes” como se catalogaban por las dictaduras de los 70. 

Fue contra esa acción disolvente y opositora al discurso impuesto que se cometieron infelices atrocidades y peores crímenes tanto de sangre como intelectuales. Dio lo mismo quemar libros que hombres. 

Era en realidad el revival de tantos otros atentados que la historia recuerda.


Pensadores e intelectuales: hay vacantes

En el ámbito de la cultura nacional se pueden tomar varios periodos de la historia del pasado siglo para considerar los movimientos o ciclos de protagonismo de un cierto grupo de intelectuales. 

El aporte, ya lejano de la llamada generación de 1945, paradigmático a mi entender desde lo estético, no deja de ser considerado como un hito interesante desde lo creativo y lo estético y de la producción de ideas. Pero, las décadas posteriores, los años 60 y la ruptura democrática, no mostrarán más que ejemplos aislados de producción intelectual, y movimiento en el ámbito del exilio. 

El siglo presente demuestra que no hay una corriente ni una generación definida, aunque sea heterogénea, de pensamiento que sea distinguida y que proyecte energía en la búsqueda de más y mejor identidad. La dictadura y el posterior proceso de reconstrucción y reacomodo permitió la aparición de mucho “pensamiento” pero con definiciones muy específicas en cada área de la cultura. 

La ciencia política tuvo su iniciador en Carlos Real de Azúa y no ha habido un pensamiento en lo filosófico que nos pueda representar. 

Escritores, músicos, intérpretes y demás actores de la cultura demuestran que el movimiento se demuestra andando (como se puede además de las contrariedades) pero el pensamiento se diversifica en tanto no hay una corriente aglutinante de un proceso de creación, producción y difusión de las ideas. 

También la producción científica aporta en esta necesaria definición. En los tiempos actuales la ciencia, que ha sido “valorizada de manera oportunista “(la pandemia obliga) muestra que hay una cantera de investigadores con compromiso en sus áreas de trabajo. 

En tiempos de varios constreñimientos se me da por pensar en estos temas y en la dirección de un resurgimiento de la identidad intelectual que nos caracterice. Una sociedad sin intelectuales de fuste es una sociedad que marcha hacia un estadio de adocenamiento progresivo, donde inciden otros valores, internos y externos, del marco económico e ideológico global. 

Será, que en tiempos de distancias infinitesimales y digitalización, habrá que pensar en otro estereotipo de intelectual? Las vacantes están y es necesario dar los procesos para llenarlas.

Carlos Fariello

(26/07/2020)

martes, 23 de febrero de 2021

A manera de bienvenida

 Este será un espacio para publicaciones de diversas temáticas apuntando a la difusión de la cultura y el ejercicio de la opinión y la discusión responsables.

Las páginas están abiertas a todas las voluntades que deseen publicar sus trabajos y compartirlos con el público lector que, seguramente, se irá sumando a medida que se difunde esta publicación.

Desde ya bienvenidos y bienvenidas! 




Acuarela de Manuel Besnes e Yrigoyen (1839)


Siglo Dos

por Carlos Fariello


Este año la ciudad de Durazno festejará los dos siglos de fundación de lo que fue, en un principio, la Villa de San Pedro del Durazno, hecho que ocurrió según nos cuenta la historia el 12 de octubre de 1821.

El Gral. Fructuoso Rivera, uno de los militares que junto con Lavalleja habían heredado algo del proceso iniciado por los orientales al mando de Artigas diez años atrás, ya se potenciaba como organizador del tramo final de la lucha contra los portugueses, no sin antes haber colaborador con estos.

El último triunfo importante lo fue la batalla de Sarandí en 1825 dirigida por Lavalleja.

En 1821, en época de la llamada Provincia Cisplatina, el gobierno comisiona a Rivera fundar un centro poblado en la zona central del territorio de aquella.

La fundación de la Villa de San Pedro se formó con el objetivo de juntar gente dispersa en el interior de la provincia después de la guerra.

La ciudad se ubicó en el valle de inundación del Río Yí. Como los primeros roles y funciones del centro poblado estuvieron ligados a la existencia del llamado “Paso del Durazno”, la ciudad se implantó sobre las tierras altas más próximas al mismo, aplicando los sabios principios de las Leyes de Indias: lugar alto, ventilado, con aprovisionamiento posible de agua. La ciudad creció lentamente, ocupando las manzanas de su trama en cuadrícula, igualitaria y abierta hacia los horizontes.

El trazado de la ciudad, se encarga al ayudante mayor Pedro Delgado y Melilla, el cual se proyecta en damero con la plaza principal ocupando una de las manzanas. El reparto de tierras de labranza y pastoreo también se efectúan al sur del río Yí.

Quiso el tiempo que se fuera conformando una sociedad cosmopolita con el aporte de la inmigración de origen europeo y los vestigios de los pueblos que originalmente habitaron la zona.

Merece destaque la presencia de índios guaraní misioneros que fueron llegando en décadas posteriores.

Esto es parte de la historia.

La sociedad que dio a Durazno sus señas de identidad en la integración de la República luego, es la construcción de fenómenos y acontecimientos que se sucedieron y que fueron definiendo, si se puede decir así, “su forma de ser”.

Hasta nuestros días el progreso y su opuesto han mostrado las tensiones propias de toda sociedad pero en nuestro caso con orientación hacia cierto quietismo complaciente, y hasta festivo, con los logros de generaciones pasadas donde además la masonería tuvo un protagonismo interesante, como otras corporaciones.

Pensar por ejemplo, en los Penza y sus aportes, entre otros nombres.

Volviendo a esa carencia de actitud colectiva frente al futuro encontramos también comportamientos de tipo reaccionario, en “burbujas” aisladas pero que siguen teniendo cierto peso a la hora de decidir qué camino hacia adelante debería tomar el departamento.

No por nada el signo político de los gobiernos departamentales se alinea con esa tradición que opera como un freno para el avance.

La vida socio política desde la mitad del siglo pasado y hasta el presente, convierten, ejecutando una mirada lo más objetiva posible, a Durazno, en un territorio de perplejidades.

Mucho más de lo que se pueda leer en ciertas intervenciones banales e inconsistentes de los gobernantes de turno.

Volviendo a las perplejidades que surge de esa visión sobre Durazno que estaría, mucho más allá de lo trivial, los hechos domésticos ( las cosas que pasan entre casa) sirven para explorar la pretensión de cómo ciertas miserias se siguen reproduciendo en actitudes y en gestiones que hacen a la vida del colectivo de la sociedad.

Hay toda una importante cultura que también se ve atravesada por esa otra historia de los hechos sociales.

Estos dos siglos abren una interesante oportunidad para mirarnos y expresarnos cómo nos vemos y cómo pensamos que podríamos ser hacia el futuro.

Queda hecha la invitación y abierta la puerta...