sábado, 14 de agosto de 2021

CUANDO DOS DURAZNENSES CRUZARON VOLANDO A BUENOS AIRES

 

    Escribe Carlos Fariello


El 12 de agosto de 1943 dos aviadores civiles locales formados en el Aero Club de Durazno unieron, en un avión liviano, nuestra ciudad con la Argentina.

Avelino Abi Rached, comerciante y Raúl Martínez Fernández, empleado del Registro, habían obtenido sus brevets de pilotos a comienzos de la década de 1940 luego de recibir instrucciones del aviador Nilo Ariel Zerpa, responsables de los cursos en la institución citada.

La empresa fue planificada al detalle hasta que en la mañana del 12 de agosto partieron desde el aeródromo en Santa Bernardina a bordo de un modesto avión Taylocraft de fabricación norteamericana al cual habían identificado con el nombre “Alas de paz”.



Según testimonio de uno de los pilotos, el día se presentó luminoso y con un cielo claro y despejado lo que favoreció la travesía.

Abi Rached y Fernández volaron siguiendo una hoja de ruta más orientados por la brújula y cierta intuición en una época donde el instrumental de la aeronave era mínimo. Pese a ello lograron aterrizar en el aeropuerto de la capital argentina luego de poco más de dos horas de vuelo.

El viaje de regreso lo realizaron en la tarde.

La osadía de los dos duraznenses puso a prueba, incluso, la sapiencia del instructor que formó en esos años a más de treinta pilotos civiles.

Un hecho que hace a la historia de la aviación civil local y que pone de manifiesto cierto espíritu romántico máxime cuando la tecnología era escasa y poco común en este tipo de actividades.

En 1924, los aviadores militares Berisso y el duraznense Mario Walter Parallada habían unido nuestro país con Buenos Aires, aterrizando en el campo militar de El Palomar, luego de cruzar el Rio de la Plata.

lunes, 9 de agosto de 2021

LOS "BAISANOS" DE MI BARRIO

 Algunos inmigrantes sirio -libaneses y sus descendientes


    Escribe Carlos Fariello

“Turco vende barato, beine, beineta y beinilla”

Durazno, como todo pueblo del interior, fue solícito en la recepción de una corriente inmigratoria de características muy peculiares, nos referimos a aquella proveniente de regiones del mundo árabe, en especial los llamados por una cuestión histórica y circunstancial “sirio – libaneses”, que en realidad son sirios o libaneses, según el caso.
Esta es una breve recorrida por mi barrio donde se afincaron numerosas familias de este origen que llamamos, todavía hoy, “turcos” y que nada tienen que ver con esa otra nacionalidad.
Los “baisanos” de mi barrio se caracterizaron por tener, entre otros comercios, tiendas que conocí por los años 60: “La Piedad”, “El Obrero”, “La Primavera”, y “La Alegría”.
A la primera la recuerdo en la esquina de las hoy calles Brig. Gral. Oribe y 4 de octubre de 1828 (antes se llamaba Florida). La tienda fundada por don Mateo Azzíz (de origen sirio) con la colaboración de su esposa doña Saturna Jozami, luego continuada por su hijo Mateo y su esposa Nelsis Jatón, y luego por sus hijos Liliana y Jorge.
Sus hijos: Mateo; José María (“Chengo”); Néstor, un reconocido científico a nivel internacional; Maria Élida (“Maruja”) y María Esther (“Chichí”).
Por calle Oribe, frente a lo de Ltaif, vivió luego de quedar viuda de Mateo Azzíz, Doña Sartuna con una de sus hijas, María Elida, y sus dos hijos Susana y Sergio Coore Azzíz.
Salomón Chaoud y Marta Nasrala (de origen libanés) tuvieron una tienda que se llamó “El Obrero” en la esquina de Oribe y Rubino, firma luego continuada por sus hijos Néstor, David (el “Negro”), Faride y Raquel, y hoy por su nieto Daniel. Mientras que Sirio, su otro hijo, se dedicó a un comercio particular como lo fue el más grande local de venta y canje de revistas durante años, “El árabe”, en calle Rubino casi Oribe, y luego kiosko en Plaza Independencia.
En la esquina de las calles Oribe y Batlle y Ordóñez, Julio Azzíz tuvo junto a su padre Antonio Azzíz (hermano de Mateo Azzíz), la tienda “La Primavera”. Julio estaba casado con Faride Mansur, ambos nacidos en Siria.
Antonio vino de Siria en el año 1928 y en 1940 abre su propia tienda. En 1950 la tienda se instala en el local antes citado.
Julio llegará en 1953 con su esposa Faride y sus hijos María y Elías.
La tienda “La Alegría”, estaba en la esquina de Arrospide e Ibiray (hoy Wilson Ferreira Aldunate) y era de propiedad de Rayi Chaoud.
Frente a mi casa de la calle Eusebio Píriz al 600, vivían los Jottar, cuyo apellido original era Guttar, una familia de origen libanés con sus hijos Abdo, Elías, Alicia e Isabel.
El matrimonio libanés lo integraron Fortunato Jottar y María Al Becher Abi Fadel a quienes no conocí
Abdo y Elías eran de profesión peluqueros y tenían en su casa una barbería donde atendía Elías al público mientras Abdo lo hacía a domicilio.
Alicia es la madre de Ruben (“Negro”) y Roberto (“Pocholo”) Méndez Jottar.
En lo de Jottar pude escuchar por vez primera música árabe en vivo a través de un trío de ejecutantes de oud (laúd árabe), violín y un instrumento de percusión llamado derbake, además de degustar las exquisiteces de la cocina oriental que hacía Alicia.
Eran anfitriones, una vez al año, del padre maronita Elías Salemi quien llegaba desde la parroquia Nuestra Señora del Líbano de Montevideo, y daba una misa para todos los integrantes de la colectividad en la Parroquia San Pedro, siguiendo el rito oriental.
En la calle Nogueira esquina Santiago Vázquez (hoy 25 de Agosto), el “Beto” Baliz tenía su bar “La Porteña”, frente a la Usina de la UTE. Lugar de timba y copas. Baliz tenía una larga prole de la cuál algunos hijos todavía viven en ese barrio.
Otro baisano con bar fue un tal “Jandú” Nadruz en el local donde hoy está un templo evangélico, en Morquio e Ibiray.
Los Ltaif por su parte vivieron en el barrio, casualmente en la segunda casa donde viví hasta los treinta y un años, frente a lo de Jottar.
Salim Ltaif había llegado del Líbano en 1924 con su esposa Zeía Ziede (a quien llamábamos Doña Lucía). Tuvieron tres hijos José, Víctor y Salvador. Pasando luego a vivir en calle Oribe casi Dr. Morquio.
A la vuelta de la casa de la familia Ltaif, la familia Nossar – Lafluf, los padres, entre otros, de Pablo (“Quelo”) y Alberto, y en frente, en la esquina de Oribe y Morquio, la casa de la familia Nossar – Zerpa, los padres entre otros de Daniel y Miguel Nossar.
Don Felipe Nossar, fue en sus inicios propietario de coche con taxímetro y luego con un ómnibus que recorrían la ciudad, además un apasionado del automovilismo.
En la otra cuadra de calle Oribe, antes de llegar a Arrospide, la tienda de Nicolás Nadruz, su padre Jorge Nadruz había llegado a Montevideo en el año 1898 y allí se casó con Julia Zaidán, de su matrimonio nacieron Julia, Jorge, Amado, Juana, Victoria Dalel, Irma Rahme, Nicolás, Olga, Emilia Rosa y Siria Lydia.
Por calle Zorrilla, casi Arrospide la otra familia Nadruz cuyo principal era don David, padre entre otros de Eduardo, Carlitos, el “Toto”, “Chaparrón”, y dos hijas. Vecino de éstos Badí Nadruz, quien fuera vendedor en la campaña, padre de Sirio, Javier y Raquel.
Por calle Eusebio Píriz, al lado del Mercado, vivió Fortunato Schluk.
Otra familia que no alcancé a conocer, pero sí a algunos de su descendencia fue la familia Belhot, - Abraham Belhot y su esposa Catalina Narez- que se puede ubicar su llegada en 1908. De ella descienden Eduardo Belhot Pettuto, y de otra rama, los hijos de María Bauzá: Adolfo, Catalina y David Belhot Bauzá.
Tampoco escapan a mi recuerdo Alfredo y Carlos Julián, hijos de don David Julián. Recuerdo también a Maruja Julián, hermana de David que vivía por la calle Morquio, casi Eusebio Píriz, a la vuelta de mi casa.






lunes, 2 de agosto de 2021

Durazno y sus cafés - EL "LONDRES"



   Escribe Carlos Fariello

En calle 18 de Julio 442, a mitad de cuadra entre las hoy calles 19 de Abril y Dr. Herrera, existía en forma contemporánea al “Centenario”, el Café “Londres” propiedad del señor Rogelio T. Porley, frente a la Plaza Sarandí.
El café incluía además, servicios gastronómicos tales como fabricación de sándwiches, postres, cocktails, helados, y según un aviso, el expendio de la mejor cerveza tipo chopp del departamento.
También incluía en su salón cuatro billares y el mostrador se encontraba al fondo del salón. A la entrada, a la derecha, se ubicada una especie de salón separado con una baranda.
El “Londres” contaba con orquestas que actuaban en diferentes horarios, por ejemplo en la hora del aperitivo, entre las 19 y las 20 y 30; y también entre las 21 y 30 y las 24 y 30.
El café “Londres” funcionó hasta el 7 de diciembre de 1939 y el local pasa a ocuparlo el “Centenario”.
Un aviso de 1929 rezaba lo siguiente: El frente de la Plaza Sarandí estará todas las noches profusamente iluminado, además estará provisto de sillas y mesitas, de donde las familias podrán oír cómodamente las hermosas audiciones que realiza la orquesta del “Londres”.



En el local citado, luego del café "Centenario" estuvo la mueblería de Luraghi y Filippini, y luego en el mismo rubro la de Abraham Bekerman.
En 1971 se instala allí el Banco Ubur, a partir de 1975 La Caja Obrera y actualmente la sucursal del Banco de Santander.

Tomado de Cafés, bares y confiterías del ayer duraznense, de Julio Reyes y Carlos Fariello, 2019

Durazno y sus cafés - EL "CENTENARIO"

 


En la década de 1920 en la esquina de las hoy calles 18 de Julio 402 y 19 de Abril, existía el Café “Centenario”.

El local había sido propiedad de sucesores de la familia de José María Ranero, un inmigrante de origen español que había tenido una tienda llamada “La Sirena” en 1887. En ese local también estuvo la tienda “La Palma” de Domingo Bocchiardo que en 1925 se muda a la esquina de las calles 18 de Julio y Yí (luego Zorrilla de San Martín, y que posteriormente tomara el nombre de Emilio Penza)

 

En el año 1926 ya existía el café “Centenario” que era de propiedad de Carlos Bossio Servetto.

En 1929, Bossio le vende las existencias a Domingo Cu­ruchet quien continúa con el emprendimiento con el mismo nombre de café “Centenario”.

 

El local del café “Centenario” poseía tres puertas por la ca­lle 19 de Abril, de las cuales se abría sólo una en verano, y dos puertas que daban a la calle 18 de Julio. La puerta más a la iz­quierda respecto de la esquina era la entrada principal del café, enfrentada al mostrador que ocupaba casi toda la pared paralela a 19 de Abril, dejando una estrecha pasada para los baños.

Hacia la derecha, por la puerta más cercana a la esquina, se ingresaba al salón donde destacaban las mesas de madera, con sus sillas, y un delicado mantel en cada mesa. Sobre 19 de Abril, en el interior del local había cuatro mesas para el juego del billar con sus respectivos artefactos de iluminación y tableros para los tacos, la pizarra y los ábacos.

 

El “Centenario” por su parte, en la época veraniega, insta­laba un tinglado en la plaza Sarandí, por la noche, con orquestas que actuaban interpretando tangos y otros ritmos como paso­dobles, fox-trots, etc..

 

El 7 diciembre de 1939 Curuchet compra la propiedad donde estaba el café “Londres”, 18 de Julio 442, inmueble que había sido de Ro­gelio Porley quien había cerrado dicho café y había pasado a gerenciar el restaurante y cantina del Club Uruguay.

En 1940 el café “Centenario” continúa sus actividades en este nuevo local hasta el año 1942.


Tomado de Cafés, bares y confiterías del ayer duraznense, de Julio Reyes y Carlos Fariello, 2019

viernes, 2 de julio de 2021

TESTIMONIOS SOBRE ANTISEMITISMO EN DURAZNO



El interior vivió́, como todo el mundo, los avatares de la última contienda mundial que produjo coletazos en la sociedad uruguaya, y que también en ciudades y pueblos se vivieron diferentes episodios, algunos incluso dramáticos como la asonada fascista en Durazno, del 29 de junio de 1941.

Este hecho, que se dio en el marco de una actividad organizada por un núcleo de inmigrantes y sus descendientes, de origen italiano, y que publicitaba un almuerzo para recaudar fondos para la Cruz Roja Italiana, en realidad fue un acto de adhesión al régimen musoliniano con el cual simpatizaban muchos de aquellos extranjeros y sus familias.

Lo dramático, además del enfrentamiento entre duraznenses, desde los días anteriores al 29 de junio, estuvo dado por el saldo de un ciudadano inocente muerto y varios heridos, más los disturbios que se sucedieron en los días siguientes y que escapan al alcance de esta crónica.

Cuando se declara la II Guerra Mundial las familias judías establecidas en Durazno no llegaban a una decena, llegadas por el año 1934.

Hay varios testimonios recogidos, ya pasadas varias décadas después de sucedidos, de hechos donde algunos ciudadanos se arrogaron el derecho de señalar a otros por ser diferentes en claras actitudes de intolerancia y discriminación.

Nos referiremos a como los inmigrantes de origen judío vivieron esos complejos años en una ciudad de apariencia tranquila y pacífica.

El clima que se vivía en el país llevaba a la preocupación de los integrantes de esta colectividad y a cierta minimización de su importancia por parte de las autoridades.

“El antisemitismo también tuvo sus representantes en nuestro país y la propaganda antijudía no se limitó́ a quedar escrita en la prensa, sino que existieron varios grupos políticos dispuestos a concretar verdaderos pogromos ...”

Las manifestaciones antisemitas no se expresaron sólo en los diarios “La Tribuna Popular” o “El Debate”. Existieron leyendas en las paredes (“el judío es más dañino que la sandía con vino”), volantes que se hacían circular entre la población alertando de la inmigración (“¿El Uruguay, futuro Estado judío?”) y publicaciones de listas de comerciantes judíos junto a advertencias del tipo “No compre a judíos”.1

Ya antes del inicio de la guerra y bajo el gobierno de Gabriel Terra, hubo presencia de un núcleo nazi en la localidad de Rincón del Bonete.

“En el año 1937, en la escuela rural No. 56 de Rincón del Bonete, en el departamento de Durazno, donde los alemanes estaban construyendo una presa hidroeléctrica sobre el Rio Negro, izan junto a la bandera uruguaya, la bandera nazi con la esvástica. Esta escuela funcionaba en la mañana con 35 alumnos alemanes y en la tarde con alumnos uruguayos.

 

Un ingeniero alemán de apellido Schmidtlein estaba a cargo de las actividades del Partido Nacional Socialista en Rincón del Bonete. Una investigación parlamentaria en 1940 pudo comprobar la existencia de actividad prosélito nazi en el lugar.”2

Los judíos que vivían en Durazno se dedicaban a diferentes actividades dentro del ramo del comercio e incluso los había que ejercían trabajos más artesanales como la confección de prendas de vestir, tintorería y arreglos de calzado.

En una zapatería de propiedad de un inmigrante rumano de apellido Mendelsohn se dieron algunos episodios de antisemitismo. Se le increpaba al comerciante por su origen por parte de ciudadanos que mostraban simpatías por el nazismo, e incluso por parte de algunos inmigrantes españoles que habían sentido beneplácito por el dictador ibérico.

 

Un día, una pared del comercio, ubicado en la zona céntrica de la ciudad, en la esquina de 18 de Julio y Penza, amaneció́ pintada con alquitrán con la frase “No le compren al judío”.3

El sentido común y la caballerosidad de Mendelsohn para con el público le permitió́ superar estos desagradables momentos y seguir adelante con su actividad comercial.

También hubieron, otros inmigrantes de esta colectividad de los cuales se conocían sus observancias de las reglas religiosas, cerrando sus comercios en las fechas del calendario judío, que eran objeto de burlas y de insultos a la puerta de sus lugares de trabajo, como es el caso del tintorero judío ubicado en 18 de Julio al 587.

 

En los juegos de niños incluso, se llegó́ a ridiculizar a los varones por haber sido circuncidados a poco de nacer, como es la tradición.

Hay un testimonio de algunas mujeres, hijas de familias judías, que concurrieron a la misma escuela pública, y que, en ese entonces, a la hora del recreo, en el patio de la institución, eran rodeadas por otras y recibían lo que hoy denominamos bulliyng.4

En esas situaciones las chicas no respondían a las provocaciones pues en sus familias les había inculcado normas claras de cómo actuar en esas situaciones sin magnificar el tema, luego en el seno del hogar.

En conversaciones, en diferentes ámbitos, se hablaba del acierto de estos inmigrantes en sus actividades comerciales y también en otras como sociales y deportivas, pero se dejaba caer, como si fueran portadores de un estigma, la frase “pero, son judíos”.

 

No obstante ser Durazno una sociedad con un alto sentido de la educación y de los valores humanos y universales, en ese periodo, el enfrentamiento entre diversas formas de pensar y de vivir llevó a la sucesión de episodios infelices como los narrados.

Una época oscura donde unos pocos ciudadanos cayeron en el desacierto de señalar con el dedo a otros semejantes.

 

 

 

1 Alpini, A. “Uruguay en la era del Fascismo”, revista Relaciones, Montevideo

2 Fariello, C., Los judíos del Durazno, Tierradentro ediciones, 2016, Montevideo, pagina 53.

3 Testimonio de Eduardo Mendelsohn

4 Testimonio recogido por el autor en conversaciones con descendientes de varias familias judías. 

jueves, 24 de junio de 2021

LA SIESTA

 


Del latín nos viene siesta que hace referencia a la hora sexta, el mediodía y el tiempo posterior al almuerzo, que se dedicaba a descansar por un breve lapso.

La siesta se da en un momento particular del día y en cualquier momento, que no tiene por qué ser particular, en la vida de las personas.

Digo esto último pues hay quienes de chicos sesteábamos por supuesto que, bajo la amenaza de la chancleta, después de grandes no lo hicimos aunque si a veces, y más adelante, sobrepasando el medio siglo, la volvemos a practicar.

Para la siesta no es necesario ni cielo oscuro ni estrellas. Es como inventarse una noche y echarse a dormir.

Macedonio Fernández llega a suponer una cierta estética de la siesta, pero no voy a entrar en disquisiciones que puedan quitarme el sueño.

Así, que para sestear basta con yacer en algún lugar, entornar los ojos y someter la psiquis y lo corporal a un cambio de estado para que nos deje un tiempo de reposo y nos desconecte de la realidad.

Sestear cuando llueve y la lluvia golpetea su música sobre un techo de lata. O cuando, escondidos del solazo de la tarde, nos adentramos en el sueño con la marcha estridente de las chicharras cantoras del verano, puede tener para muchos un valor incalculable.

Hay hasta un disfrute en todo eso.

La siesta es un ritual doméstico y pagano celebrado, tanto por laburadores como por holgazanes, y atraviesa toda concepción de clases sociales.

La siesta es un momento de intimar con el sueño creyendo que al cerrar los ojos el mundo cambiará o por lo menos esa ilusión puede hacerse realidad por, más o menos, media hora.


Carlos Fariello

domingo, 20 de junio de 2021

SOROCABANA

 




El café es un lugar mágico

lugar de encuentros

y de seminarios improvisados

reunión de sabios diplomados

por los años

refugio de sueños y proyectos

paño de lágrimas por algún amor ya ausente

lugar donde recordamos a los pasajeros que ya se fueron

cenáculo místico

templo

aula magna

donde un pocillo nos convoca para 

la obligada liturgia de la amistad.

 

Carlos Fariello