jueves, 24 de junio de 2021

LA SIESTA

 


Del latín nos viene siesta que hace referencia a la hora sexta, el mediodía y el tiempo posterior al almuerzo, que se dedicaba a descansar por un breve lapso.

La siesta se da en un momento particular del día y en cualquier momento, que no tiene por qué ser particular, en la vida de las personas.

Digo esto último pues hay quienes de chicos sesteábamos por supuesto que, bajo la amenaza de la chancleta, después de grandes no lo hicimos aunque si a veces, y más adelante, sobrepasando el medio siglo, la volvemos a practicar.

Para la siesta no es necesario ni cielo oscuro ni estrellas. Es como inventarse una noche y echarse a dormir.

Macedonio Fernández llega a suponer una cierta estética de la siesta, pero no voy a entrar en disquisiciones que puedan quitarme el sueño.

Así, que para sestear basta con yacer en algún lugar, entornar los ojos y someter la psiquis y lo corporal a un cambio de estado para que nos deje un tiempo de reposo y nos desconecte de la realidad.

Sestear cuando llueve y la lluvia golpetea su música sobre un techo de lata. O cuando, escondidos del solazo de la tarde, nos adentramos en el sueño con la marcha estridente de las chicharras cantoras del verano, puede tener para muchos un valor incalculable.

Hay hasta un disfrute en todo eso.

La siesta es un ritual doméstico y pagano celebrado, tanto por laburadores como por holgazanes, y atraviesa toda concepción de clases sociales.

La siesta es un momento de intimar con el sueño creyendo que al cerrar los ojos el mundo cambiará o por lo menos esa ilusión puede hacerse realidad por, más o menos, media hora.


Carlos Fariello

domingo, 20 de junio de 2021

SOROCABANA

 




El café es un lugar mágico

lugar de encuentros

y de seminarios improvisados

reunión de sabios diplomados

por los años

refugio de sueños y proyectos

paño de lágrimas por algún amor ya ausente

lugar donde recordamos a los pasajeros que ya se fueron

cenáculo místico

templo

aula magna

donde un pocillo nos convoca para 

la obligada liturgia de la amistad.

 

Carlos Fariello

martes, 15 de junio de 2021

EL RABINO QUE MURIÓ EN DURAZNO

 


Monsieur Shoshani fue un rabino nacido en Bielorrusia en 1895.

Personaje enigmático y gran conocedor de la filosofía, la cábala y de las escrituras judías, que enseñó a un pequeño número de pensadores en la Europa de la posguerra, incluidos Emmanuel Lévinas y Elie Wiesel.

El nombre "Chouchani" o "Shushani", que significa "nativo de Shush" (la antigua Susa, capital del Reino de Elam), es probablemente solo una referencia alegórica o un juego de palabras. Elie Wiesel especuló que el verdadero nombre de Chouchani era Mordechai Rosenbaum, mientras que el profesor Shalom Rosenberg de la Universidad Hebrea de Jerusalén argumenta que el verdadero nombre de Chouchani era Hillel Perlmann.

Recorrió el mundo y se afincó en Uruguay.

Vivió de forma muy austera y se dice que a veces dormía en las escaleras o pórticos de las casas (Moraes, 2016:91).

Dictó diversos cursos en el Instituto Yavne, así como seminarios en el movimiento religioso Mizrahi, cuya sede estaba en la esquina de las calles Andes y Canelones.

También se dedicaba a impartir clases de Cábala y Talmud en casas de particulares. Aún hoy se escuchan comentarios acerca de las clases magistrales brindadas por Shoshani en los ámbitos relacionados a la colectividad judía de Montevideo.

En Montevideo se movía casi siempre en medios sefaradíes, visitaba las sinagogas y era habitué de la comunidad “Los Temerosos de Dios”.

Quienes lo conocieron afirman que no le gustaba mucho la ciudad. Generalmente, se vinculaba con personajes pintorescos de la bohemia montevideana, borrachos, tahúres y vagabundos. Así fue hasta el momento de su muerte, ocurrida el 26 de enero de 1968, en un hotel en la ciudad de Durazno.*

En esa ocasión visitaba esta ciudad para dictar un seminario.

Está enterrado en el Cementerio Israelita, en la ciudad de La Paz, Canelones.

En 2017, un anticuario francés de nombre George Jancou, seguidor de Shoshani, vino a morir a Uruguay y fue enterrado a pocos metros de su maestro espiritual.

*Poseo un testimonio de un descendiente de una familia judía de Durazno, Simón Sokolsky, que cuenta de un hombre judío, de aspecto interesante, que vivió un tiempo en una casita al lado de la farmacia de Viñales, por calle Petrona Tuboras casi Dr. Herrera. El testigo agregó que “creo que era religioso y daba clases de matemáticas” (o de cábala?)

Sería este sujeto Shoshani?

 

Carlos Fariello

lunes, 14 de junio de 2021

FARIELLO X 8

 


La fotografía representa la instantaneidad de una realidad concreta que sólo el fotógrafo ve al momento de realizar la captura de la imagen. Otras realidades se agregan y se permutan en el camino hacia los sentidos del espectador quien es, en última instancia, el que “lee” la luz que se recogió inicialmente.

Luz que se deja ver y atrapar por un ojo que al tiempo que observa está simultáneamente construyendo una nueva mirada sobre el objeto.

La imagen fotográfica es una alteridad del mundo físico y, su representación sobre el papel, el fruto de una construcción estética válida para muchos, aún vista desde diferentes coordenadas.

 

Carlos Fariello Gamarra, 2021

Carlos Fariello Gamarra (Durazno, 1961). Esta muestra es parte de una búsqueda continua de la imagen como representación de la realidad, como mirada, subjetiva siempre, de lo que nos rodea y que muchas veces puede permanecer ignorado.




















jueves, 3 de junio de 2021

EL WING IZQUIERDO


Santana Mosqueira fue uno de los más grandes cultores del fútbol que ha tenido Durazno. Poseedor de una técnica envidiable marcó una época del balonpié local y con destaque en el fútbol capitalino donde defendió los colores de Nacional.

Un wing (puntero) izquierdo de asombrosa calidad que saltó del campito a la cancha para pasear su fútbol y su excelencia física.
Ya a fines de los años 20 pasaba sus días entre el ocio y las gambetas, tentando al adversario que tenía enfrente y al cual siempre superaba.
Le apodaban el “Pichón” y vistió la camiseta del Wanderers local y también la “roja del Yí”.
En 1933 y 1934 jugó en el Club Nacional de Fútbol de Montevideo, debutando frente a la selección de Paraguay, el 5/10/1933 y donde Nacional ganó 3-0.
El estreno oficial con la camiseta del equipo albo fue el 22 de octubre de 1933.
Ese año fue Campeón Uruguayo con la tricolor.
Su último partido en 1937, frente a un equipo formado por los marinos del buque de guerra inglés HMS Exeter (uno de los tres buques británicos que le dieran batalla al acorazado alemán Graf Spee en diciembre de 1939)
La otra cara del Pichón era la del bohemio y reo de arrabal sobre la cual hay miles de historias jocosas y picarescas.
Amante del Yí y del monte, de hábitos un tanto anarquistas prefirió volver a ser un tipo sencillo dejando, en parte por su conducta, el mágico mundo del fútbol de entonces.

UNA EN EL ÚLTIMO MOSTRADOR

 

“Con el pucho de la vida apretado entre los labios,
La mirada turbia y fría, un poco lento el andar,
Dobló la esquina del barrio, curda ya de recuerdos...”
Andrés Cepeda (Las cuarenta)

Fotografía: Jorge Nogueira


La vida tiene esas cosas, nos trae y nos lleva muchas veces, lo que más queremos.
La vida pasa y en esa pasada deja otras cosas, el recuerdo prendido en los almanaques.
En la noche del 16 de junio de 1992, se iba la vida de un personaje colorido y entrañable de este Durazno, el “Pocho” Colman.
Un personaje de esos que de tanto en tanto aparecen sobre la faz de la tierra. Entre el marginal y el muchacho de buen corazón. Entre el ser pobre pero rico en sentimientos (aunque muchos no lo crean) y que el alcohol fue transfigurando poco a poco, pero que igual, y así, era un personaje de la vida nocturna.
No nos asiste el derecho de juzgar al hombre, pero sí de decir que ese bohemio, que transitaba la ciudad desde los barrios hasta el centro, caminante de sueños con sus desventuras a cuesta, con su tradicional canto de “linyera soy …”, era un linyera herido. Con sus relatos de fútbol de Maracaná y de la celeste, que a veces, cuando las copas no lo habían tomado del todo, llegaba a erizarnos la piel por el sentimiento que le ponía a los mismos, en una respetuosa parodia del “Gran Carlos Solé, se metía al público en el bolsillo.
El “Pocho” se ha ido y con él su triste figura de quijote de eternos mostradores.
El que buscó todo lo que mujeres y hombres buscamos, esa felicidad a veces esquiva y cara, pero necesaria al fin.
Julio María Colman camina hacia las puertas de San Pedro, entre copas y chistes, entre niños que lo corretean y le gritan, por la ciudad que le saluda con mano luminosa y extendida.
A quien supo con la farsa de la vida darle el punto final a la tragedia, tragedia del vivir que fue su pan cotidiano junto con la picaresca, alimento de muchos pobres de bolsillos, pero de corazones siempre abiertos.